Con una buena narrativa inicial, de un momento a otro el corto se convierte en una historia tediosa, poco original y predecible.
La narración al comienzo del mismo se nos entrega con buen ritmo, con planos brevísimos y bellamente montados, que nos van proponiendo una historia de desencanto, poco a poco entendemos la problématica (en parte sustentada por la letra de la canción). Planos después la narración se torna monótona, y el final pobre y confuso. Disfruté del vertiginoso cambio de planos durante los primeros segundos, y creo que de haberse continuado la técnica, el corto se habría tornado en algo mucho menos cotidiano que la harto-clásica triste-historia-de-rompimiento.
Puedo entender la decisión de optar por un montaje basado en fotografías; dada la obvia restricción de tiempo y presupuesto, que de alguna forma es congruente con la dirección al comienzo del corto. Sin embargo la idea general no logra concretar, y mucho menos superar la estilística etiqueta de comercial-de-televisión, y nos quedamos con ese sabor de que estamos viendo publicidad, con ese sabor que precede a los logotipos de telefonía celular.